El placer de viajar en bici I: Dinamarca

César Gutiérrez de Salamanca. 21 de julio de 2016

Sentir el viento en la cara, aspirar el olor húmedo de los bosques, bordear un lago, encontrar en el camino la amistad instantánea de quienes descubren el mundo rodando como tú… son sólo algunos de los placeres de viajar en bicicleta.

            Para salir de Canarias, la mayor o menor comodidad dependerá de si hay vuelos directos a nuestro destino y del precio que cobre cada compañía por transportar la bicicleta. Lamentablemente, lejos de premiarnos a quienes hacemos turismo sin contaminar, el coste de facturar la bici oscila entre 35 y 75 euros, lo cual encarece un viaje cuando es necesario hacer escalas. Pero como el placer de la aventura supera con creces las contadas dificultades, vamos a empezar esta serie de artículos sobre cicloturismo con el destino mejor adaptado para la bici: Dinamarca.

            Los altísimos precios de su economía recomiendan los camping para abaratar el presupuesto. En compensación, la cantidad y calidad de alimentos ecológicos que es posible conseguir en los supermercados sorprenden por sus precios baratos. El mejor mapa (Turen går til Danmark) se puede conseguir en el consulado de Dinamarca en Tenerife o en oficinas de información en destino. Uno se da cuenta de que está en el paraíso de la bicicleta con sólo ver ese mapa: carriles bici señalados con sus respectivos números para recorrer el país entero, líneas de barco con duración y frecuencia de sus trayectos, líneas de trenes que incluyen vagones exclusivos para las bicicletas, espacios naturales, camping y las pocas cotas de nivel que indican que rodaremos casi siempre en llano. Listos: cogemos alguno de los vuelos directos que van de Tenerife Sur a Aarhus, Billund o Copenhague, montamos la bici al aterrizar y lo demás es disfrutar de la libertad que dan los pedales.

            La ruta dependerá del tiempo disponible, pero la amplia red de transportes permite abarcar casi todos los atractivos que merecen la pena: los 50 kilómetros de vía verde entre Horsens y Silkeborg (incluyendo su lago), los bosques de Svanninge en Fionia, la isla de Ærø, los acantilados de Møn, los castillos y la herencia vikinga de Selandia, las 400 bicicletas de un parking en Copenhague y, si queremos incluir una experiencia única, la isla de Bornholm (para llegar, hay que cruzar en tren el Øresund, por debajo del mar, primero, y por encima de sus molinos de viento, después).  

Próxima entrega😉 El placer de viajar en bici II: Islandia

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